La primera entrada, tiene que ser en castellano porque no tengo suficiente competencia, pero poco a poco empezaré a insertar palabras en aragonés con el fin de aplicar todo lo que voy aprendiendo a lo largo de este curso 2016-17.
En primer lugar quisiera aportar una justificación a mi deseo por aprender "aragonés" y sus orígenes.
Pues es muy sencillo: tiene que ver con los recuerdos de la infancia, en donde aparecen mis abuelos, especialmente mi abuela Agustina que me llamaba sargantana sin yo saber el por qué de aquella palabreja, también acostumbraba a decir cuando se refería a mí que era una "paniquesa" y cuando preparaba opíparas merendolas nos decía que preparaba una "lifara", cuando la comida estaba sosa, ella decía "jauta" y también se refería a las personas tibias como personas "jautas", era muy divertido hablar con ella, porque siempre tenía palabras que nadie conocía. No voy a enumerar cada una de aquellas palabras porque no terminaría nunca, simplemente le doy las gracias por aquella faceta lingüística que aún hoy permanece en mí.
Por parte de madre debo parte de esta curiosidad a mi abuelo Eugenio que aunque nació en Zaragoza por cincunstancias novelescas dignas de una serie antropológica/social, era originario de Jaca, así como su familia, por lo menos por parte de madre (mi querida bisabuela Carmen o Carmina como me han contado que era llamada).
El profundo apego hacia la montaña y a los valles, especialmente al de Tena fue heredado sin saber que eso se hereda hasta el tuétano por el hermano de mi madre, mi tío Pepe que lo transmitió a sus hijos en las numerosas vacaciones que la familia pasaba en Panticosa.
El hijo de mi tío: mi primo Ricardo, al ser el primero fue el que tuvo más suerte de estar con él cerquita, compartiendo esa pasión por el valle y por el panticuto. De él heredó todo este sentir que estoy comentando y de todo ello han quedado varios libros escritos en panticuto, entre ellos el diccionario de panticuto, el Nuevo Testamento en Aragonés y muchos más libros que forman parte de su vida como gran antropólogo y otras tantas facetas más, sin olvidar su dedicación a Biescas como sacerdote.
Pero a lo que vamos, que me estoy alargando bastante...
Y hablando de mí, fueron varios los veranos en los que en casa de las Monjas en Panticosa subía de campamentos que aunque no tienen nada que ver con los que ahora se organizan para los niños, me pusieron frente a la montaña para valorar su inmensidad y despertar en mí esas raíces que sin saberlo estaban ahí.

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